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xAI y SpaceX están construyendo la mayor red privada de inteligencia artificial del mundo, con cinco centros de datos y miles de millones en turbinas de gas

by David Pérez
18 de junio de 2026
in Tecnología
Centro de datos industrial masivo al atardecer con turbinas de gas, chillers y edificios de almacén a escala industrial

Complejo de centros de datos a escala industrial, símbolo de la ambiciosa infraestructura de IA que xAI y SpaceX están desplegando en Estados Unidos.

La carrera global por la infraestructura de inteligencia artificial lleva años acumulando titulares: anuncios de inversión multimillonaria, plazos ambiciosos y promesas de capacidad futura. Mientras tanto, en Memphis, Tennessee, xAI ya opera más de 230.000 GPUs en un complejo que pasó de ser una fábrica abandonada a un centro de cómputo activo en menos de cuatro meses.

Lo que distingue a xAI no es solo la escala, sino el ritmo. Lo que a Oracle, Crusoe y OpenAI les llevó quince meses construir, xAI lo completó en seis.

El clúster de Memphis: tres edificios, dos gigavatios

Colossus 1 fue el punto de partida. En una antigua fábrica de Electrolux en el suroeste de Memphis, el centro entró en operación a mediados de 2024 con 230.000 GPUs de las series H100, H200 y GB200. Hoy está arrendado íntegramente a Anthropic para cargas de inferencia, a un precio aproximado de 1.250 millones de dólares al mes. La mezcla de chips de distintas generaciones lo hacía menos eficiente para entrenamiento homogéneo, así que xAI trasladó el desarrollo de Grok a la siguiente instalación.

Colossus 2 nació el 7 de marzo de 2025, cuando xAI adquirió un almacén de más de 90.000 metros cuadrados en la zona de Whitehaven, junto con unos cien acres de terreno adyacente. En agosto de ese año ya había 119 enfriadores instalados. Lo que a Oracle, Crusoe y OpenAI les llevó quince meses, xAI lo completó en seis. El S-1 de SpaceX confirma que la siguiente fase añadirá al menos 220.000 procesadores GB300 y más de 400 megavatios adicionales de potencia de cómputo.

El tercer edificio lleva el nombre de MACROHARDRR: una antigua nave logística de GXO de unos 75.000 metros cuadrados en Southaven, Mississippi, adquirida en diciembre de 2025 y en conversión desde el primer trimestre de 2026. Elon Musk anunció la compra el 30 de diciembre con una frase directa: «MACROHARDRR lleva nuestro cómputo de entrenamiento de Colossus a ~2 GW». Los tres edificios forman un clúster con camino hacia un millón de GPUs.

La estrategia energética: turbinas de gas y un acuerdo de 2.800 millones de dólares

Alimentar dos gigavatios de cómputo no se resuelve con la red eléctrica convencional. xAI adoptó un modelo híbrido: la red de TVA cubre la carga base con un contrato que incluye cláusulas de curtailment en emergencias, las turbinas móviles Solar Titan-350 de Caterpillar permiten un despliegue rápido, y una joint venture permanente con Solaris Energy Infrastructure —denominada Stateline Power— escala la capacidad de gas a largo plazo.

Esa joint venture, con una participación aproximada del 50,1% para Solaris y el 49,9% para xAI, amplió su contrato inicial de 500 MW hasta cerca de 900 MW con un plazo de siete años. La flota operativa proyectada alcanzaría los 1.400 MW para la primera mitad de 2027. El capex de la JV ya superaba los 112 millones de dólares en el segundo trimestre de 2025.

Para la capacidad permanente de mayor escala, xAI recurrió a Doosan Enerbility, fabricante surcoreano de turbinas de clase 380 MW. Los primeros dos equipos están previstos para finales de 2026; los siguientes cinco fueron confirmados por Musk a principios de ese año, y una orden posterior añadió siete más. En total, el S-1 de SpaceX de mayo de 2026 recoge un compromiso de aproximadamente 2.800 millones de dólares en turbinas de gas para los próximos tres años.

La hoja de ruta de chips: de Blackwell GB300 a Vera Rubin

La arquitectura de chips avanza en paralelo a la construcción física. Colossus 2 está diseñado para albergar procesadores GB300, que ofrecen unos 15 petaFLOPS FP4 por unidad y son compatibles con refrigeración por aire, aunque a alta densidad. El S-1 menciona explícitamente al menos 220.000 GB300 adicionales en la próxima fase.

La siguiente generación —las GPUs Rubin R200 de Nvidia— eleva el rendimiento a unos 50 petaFLOPS FP4, pero exige refrigeración líquida al cien por cien. Adaptar instalaciones existentes a ese requisito implica entre seis y doce meses de obras y un capex significativo. Por eso MACROHARDRR se diseñó desde el inicio con infraestructura de refrigeración líquida.

Según análisis de Altimeter Capital, xAI habría asegurado hasta el 20% de la capacidad inicial de Vera Rubin de Nvidia, lo que le daría una ventaja considerable en el ciclo 2026-2027. El despliegue realista apunta a finales de 2026 o 2027, comenzando precisamente por MACROHARDRR.

Más allá del suelo: IA distribuida con Tesla y centros de datos en órbita

Los tres centros terrestres son solo parte del esquema. La cuarta ubicación de la arquitectura de cinco nodos es la IA distribuida integrada con la flota de vehículos y la infraestructura de cómputo de Tesla, una integración que amplía la capacidad efectiva sin requerir nueva construcción y aprovecha hardware ya desplegado a escala global.

La quinta ubicación es más inusual: centros de datos en el espacio, apoyados en la constelación Starlink de SpaceX. Llevar cómputo de IA a órbita abre líneas de negocio y casos de uso que los competidores puramente terrestres difícilmente pueden replicar.

El conjunto de esta infraestructura apunta, según proyecciones recogidas en el S-1, a una tasa de ingresos anualizada superior a los 300.000 millones de dólares. La combinación de arrendamiento a terceros —como el acuerdo con Anthropic— y uso propio para Grok sugiere un modelo de monetización diversificado desde el principio.

Controversia regulatoria y el coste social de la velocidad

La velocidad de construcción tiene un precio que no aparece en los balances. En marzo de 2026, las autoridades de Mississippi aprobaron un permiso de construcción para 41 turbinas de gas en Southaven, pero el proceso enfrenta recursos legales y demandas de vecinos, la NAACP y el Southern Environmental Law Center por emisiones, y por el uso previo de hasta 46 turbinas móviles temporales antes de obtener los permisos definitivos.

Situar las turbinas en Mississippi —y no en Tennessee— responde en parte a las restricciones regulatorias del lado de Tennessee. La Greater Memphis Chamber llegó a declarar públicamente que no habría turbinas en Memphis; técnicamente, no las hay: están al otro lado de la frontera estatal.

Este episodio no es un detalle menor. Ilustra una tensión que probablemente se repetirá a medida que la infraestructura de IA siga expandiéndose: la velocidad que exige la competencia tecnológica choca con los procesos medioambientales y de salud pública diseñados para proteger a las comunidades afectadas. Cómo se resuelva ese conflicto en Southaven podría marcar precedente para los próximos clústeres que xAI —y sus competidores— planean construir en los próximos años.

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