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De la India milenaria a la consulta médica: el yoga que hoy prescriben los especialistas para tratar el estrés

by David Pérez
5 de octubre de 2026
in Bienestar
Mujer practicando yoga y meditación en casa tras una jornada laboral, sentada en postura de loto sobre una esterilla

Una mujer medita en postura de loto al final del día laboral. El yoga, con raíces milenarias en la India, es hoy una herramienta terapéutica reconocida para combatir el estrés.

Son las ocho de la tarde. Después de horas frente al ordenador, con los hombros cargados y la mente aún repasando correos pendientes, alguien desenrolla una esterilla en el salón de su casa. Lo que sigue no es un entrenamiento exigente ni una moda pasajera: es una secuencia de posturas, respiración y silencio que se practica desde hace miles de años.

Lo llamativo no es que el yoga haya sobrevivido al paso del tiempo, sino que la medicina occidental haya empezado a mirarlo con otros ojos. Hospitales, organismos internacionales y especialistas lo incorporan hoy en sus recomendaciones para tratar el estrés y mejorar la salud. La pregunta es por qué una práctica tan antigua se ha convertido, precisamente ahora, en una herramienta terapéutica de plena actualidad.

Una práctica ancestral que despierta el interés clínico

El yoga no es un deporte en el sentido convencional. Nació en la India hace miles de años como una disciplina que conecta cuerpo, mente y respiración. Integra posturas físicas —las asanas—, ejercicios de respiración consciente —pranayama— y meditación. Su objetivo original era relajar la mente y alcanzar la paz interior. Pero hoy su alcance va mucho más allá.

Durante décadas, Occidente lo situó en el terreno del bienestar alternativo o de la práctica espiritual. Esa percepción ha cambiado. Instituciones sanitarias y organismos internacionales lo observan ahora como una herramienta terapéutica con efectos medibles. La Organización Mundial de la Salud considera que el yoga tiene efectos positivos para la salud emocional de las personas. La OMS equipara su utilidad a la de ciertos avances médicos en la mejora del bienestar físico y mental.

Lo que ocurre en el cuerpo: más allá de la flexibilidad

Los beneficios físicos del yoga son concretos y acumulativos. Muchas posturas estiran los músculos y aumentan su rango de movimiento con el tiempo. No solo mejora la elasticidad de músculos y tendones: también se fortalecen articulaciones y ligamentos, lo que ayuda a recuperar movilidad. La alineación de la cabeza con la espalda, esencial en las asanas, mejora la coordinación y el equilibrio. Esto resulta especialmente beneficioso para las personas mayores.

La práctica regular también corrige la postura corporal en la vida diaria. Quien practica yoga aplica lo aprendido de manera casi instintiva: se sienta con la espalda recta o carga pesos de forma más adecuada. Esa mejora postural previene lesiones y reduce dolores de espalda, cuello y contracturas musculares. El efecto relajante de la práctica puede disminuir la presión arterial, reduciendo el riesgo de enfermedades cardíacas.

Conviene aclarar un matiz: el yoga no es un ejercicio de alto gasto calórico. Pero la práctica diaria ayuda a eliminar toxinas y líquidos, lo que favorece la pérdida de peso y la tonificación corporal.

El impacto en la mente: estrés, concentración y estado de ánimo

El componente mental es inseparable de la práctica. El yoga no se limita al ejercicio físico: implica meditación y técnicas de respiración consciente. Esa combinación calma el sistema nervioso y reduce los niveles de estrés y ansiedad. El control de la respiración —los pranayamas— relaja la mente y aumenta la calma.

La concentración mejora por una razón práctica. Mantener el equilibrio exige enfocarse en cada postura y cada movimiento. La respiración consciente obliga a mantener una atención plena. Ese entrenamiento de la atención se traslada después a otras áreas de la vida. La OMS destaca también los efectos positivos en el estado de ánimo: la práctica revitaliza el cuerpo, aporta energía y contribuye a mejorar la autoestima. Diversos estudios señalan su utilidad para reducir síntomas asociados a la depresión.

No hay un solo yoga: encontrar el estilo adecuado

La diversidad de estilos es la clave que hace el yoga accesible para casi cualquier persona, sin importar su edad o condición física. Las variantes exigentes, como el Ashtanga —conocido como yoga de poder por su rapidez e intensidad— o el Bikram —practicado en salas a temperaturas de entre 37 y 40 grados— conviven con opciones más suaves. El Hatha, pausado y con ejercicios básicos, es ideal para iniciarse. El Viniyoga se adapta a las necesidades y habilidades de cada persona.

Otros estilos priorizan objetivos concretos. El Iyengar se centra en la precisión de las posturas y en mantenerlas durante un tiempo prolongado, lo que favorece la concentración. El Kundalini da prioridad a la respiración sobre las asanas, con el objetivo de movilizar la energía desde la parte inferior del cuerpo hacia la superior.

Los especialistas de Hospitales Parque recomiendan combinar la práctica del yoga con un estilo de vida saludable. Esa combinación es esencial para mantener una salud integral que vaya más allá de la esterilla.

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