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Home Ciencia

Residuos plásticos y ácido de baterías viejas: la combinación inesperada que produce hidrógeno limpio con luz solar

by David Pérez
18 de mayo de 2026
in Ciencia
Reactores de vidrio en un laboratorio de química con solución ácida y fragmentos de plástico para producir hidrógeno.

En un laboratorio de química, un reactor de vidrio muestra una solución de plástico y ácido, generando hidrógeno con luz solar.

Cada año, el mundo genera más de 400 millones de toneladas de residuos plásticos, y menos del 10 % acaba reciclándose. Las baterías de coche desechadas plantean un problema parecido: cuando se reciclan, solo se recupera el plomo, y el ácido sulfúrico que contienen rara vez encuentra una segunda vida.

Un equipo de la Universidad de Cambridge ha encontrado la forma de convertir estos dos flujos de residuos en un recurso, combinándolos en un único reactor alimentado por luz solar para obtener resultados que nadie había logrado antes.

Un reactor, dos residuos, múltiples productos

El proceso que describe el equipo de Cambridge se denomina one-pot, o «en un solo recipiente», y parte de dos materiales que normalmente se desechan juntos pero se tratan por separado. Los investigadores tomaron botellas de PET trituradas en polvo fino y las disolvieron en ácido sulfúrico concentrado extraído de baterías de coche usadas. Al calentar la mezcla a 140 °C, el ácido hidroliza el plástico y lo descompone en sus monómeros originales: etilenglicol y ácido tereftálico.

El ácido tereftálico precipita directamente al formarse, lo que simplifica su separación y recuperación como producto químico industrial con valor de mercado. En el reactor queda una solución ácida rica en etilenglicol, lista para el siguiente paso.

Lo más destacable no es solo que funcione, sino que nadie lo había hecho antes de esta manera. La despolimerización del plástico y la generación de hidrógeno se habían estudiado por separado, pero combinarlas en un único reactor era territorio inexplorado. Los resultados se publicaron en la revista Joule el 6 de abril de 2026.

De etilenglicol a hidrógeno: el papel clave de la luz solar

Aquí es donde el proceso se vuelve especialmente ingenioso, y también donde surgió el principal obstáculo técnico. Producir hidrógeno a partir de compuestos orgánicos como el etilenglicol suele requerir condiciones alcalinas, pero el reactor ya contenía un ácido fuerte. Diseñar un catalizador capaz de operar de forma estable en ese entorno era imprescindible.

El equipo optó por un sistema basado en molibdeno. Al exponerlo a la luz, el catalizador oxida el etilenglicol y libera electrones, que reaccionan con los protones del medio ácido para generar hidrógeno gaseoso. Como subproducto de esa oxidación se obtiene ácido acético, otro compuesto con aplicaciones industriales consolidadas.

Que el catalizador funcione directamente en ácido de batería —sin neutralizar ni modificar el medio— es lo que permite integrar todo en un solo reactor. De otro modo, los dos pasos habrían exigido condiciones incompatibles entre sí.

Más allá del hidrógeno: bloques farmacéuticos con menor huella de carbono

El hidrógeno no es el único destino posible para los electrones generados en este sistema. El profesor Erwin Reisner, catedrático de energía y sostenibilidad en Cambridge, señala que la misma configuración puede redirigirse hacia otras reacciones de interés industrial. «En lugar de producir hidrógeno, podemos hidrogenar compuestos orgánicos», explicó. «Es exactamente el mismo sistema, pero en vez de liberar hidrógeno, añadimos compuestos orgánicos insaturados y los hidrogenamos directamente».

Esa posibilidad tiene ya respaldo experimental. En un estudio complementario publicado en Angewandte Chemie International Edition el 4 de mayo, el mismo equipo demostró que el proceso puede hidrogenar sustratos que contienen nitrógeno para obtener precursores farmacéuticos de relevancia. Según Kay Kwarteng, primer autor del estudio, «cuando usamos plásticos para esta hidrogenación, reducimos la huella de carbono a la mitad» respecto a la hidrogenación convencional, que depende del hidrógeno producido a partir de combustibles fósiles.

El camino hacia la escala industrial

Demostrar que algo funciona en el laboratorio es solo el primer paso, y el equipo de Cambridge lo sabe. Ya trabajan en adaptar el diseño del reactor a las exigencias de la industria, con la vista puesta en un reactor de flujo continuo: un sistema que convierte reactivos en productos de forma ininterrumpida, en lugar de operar por lotes como los experimentos actuales.

La valoración externa también es cautelosamente optimista. Amit Kumar, investigador de catálisis en la Universidad de St Andrews, calificó el uso de reactivos reciclados de «impresionante», aunque advirtió que el paso fotoquímico —el que depende de la luz solar— será probablemente el mayor reto para la comercialización. «El siguiente paso hacia la comercialización será escalar y demostrar el proceso en flujo», afirmó.

Si ese escalado tiene éxito, el proceso podría convertirse en una vía real para tratar simultáneamente dos corrientes de residuos problemáticas. Lo que hoy es un resultado publicado en una revista científica podría, en unos años, formar parte de la infraestructura de reciclaje que el mundo todavía está construyendo.

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