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Home Ciencia

Animales sin síntomas pueden transmitir priones de la enfermedad del desgaste crónico a otras especies, según un nuevo estudio

by David Pérez
27 de junio de 2026
in Ciencia
Ciervo de cola blanca solitario en bosque boreal brumoso al amanecer, posible portador asintomático de priones

Un ciervo aparentemente sano al amanecer en un bosque norteamericano. Estudios revelan que animales sin síntomas pueden transmitir priones del desgaste crónico.

En los bosques de América del Norte, un ciervo aparentemente sano puede estar diseminando priones infecciosos durante meses o años antes de mostrar el primer síntoma de la enfermedad del desgaste crónico. Un nuevo estudio de la Universidad de Calgary sugiere que esta propagación silenciosa no se limita a los cérvidos.

Los investigadores detectaron priones infecciosos en animales sin síntomas y comprobaron que esos agentes podían transmitirse a otras especies. La pregunta que queda abierta es hasta dónde puede llegar esa cadena.

Una enfermedad que avanza sin avisar

La enfermedad del desgaste crónico es una patología neurológica fatal causada por priones. Afecta principalmente a ciervos, alces y otros cérvidos, y no tiene cura conocida. Su capacidad de propagarse de forma invisible es precisamente lo que hace tan difícil su control.

Un animal infectado puede liberar priones al entorno —a través de la orina y las heces— durante meses o incluso años antes de manifestar cualquier síntoma clínico. Esos priones contaminan la vegetación y el suelo, donde permanecen activos durante periodos prolongados.

La enfermedad no deja de extenderse por América del Norte. Nuevas regiones de Alberta, en Canadá, ya figuran entre las zonas afectadas, y cuanto mayor es el territorio que abarca, más difícil resulta establecer perímetros de vigilancia o aplicar medidas de control eficaces.

El hallazgo clave: infección sin síntomas, pero con capacidad de contagio

El estudio, publicado en Science Advances por investigadores de la Universidad de Calgary, analizó mediante experimentos controlados en laboratorio el potencial zoonótico de la enfermedad del desgaste crónico. Los resultados apuntan a algo que complica considerablemente el panorama.

La mayoría de los animales incluidos en la investigación no desarrollaron síntomas. Aun así, los investigadores detectaron pequeñas cantidades de priones infecciosos en sus tejidos, y al transferir esas muestras a otras especies, los nuevos huéspedes desarrollaron signos de la enfermedad.

La investigadora Samia Hannaoui lo formula con precisión: la ausencia de síntomas no equivale a ausencia de infección transmisible. Los priones estaban presentes y eran capaces de propagarse aunque el animal portador pareciera completamente sano.

Por qué los priones son especialmente impredecibles

Los priones no se comportan como los virus o las bacterias. Pueden modificarse al pasar de un huésped a otro, y ese proceso puede dar lugar, con el tiempo, a nuevas cepas con características distintas y comportamientos difíciles de anticipar.

El profesor Hermann Schaetzl, último autor del estudio, señala que no se trata de un agente estático: las cepas de priones evolucionan, y esa evolución incide directamente en cómo se desarrolla y se propaga la enfermedad. Ese dinamismo complica cualquier intento de predicción o gestión.

El precedente del mal de las vacas locas —la encefalopatía espongiforme bovina, o BSE— ilustra que las barreras entre especies no son infranqueables. Ese prión cruzó de los bovinos a los humanos, un recordatorio de que determinadas condiciones pueden repetirse bajo formas distintas.

¿Supone un riesgo para las personas?

Los investigadores son explícitos: sus resultados no apuntan a una amenaza inmediata para los humanos. Hasta la fecha, no existe ningún caso confirmado de enfermedad del desgaste crónico en personas.

Schaetzl subraya, no obstante, que la situación es más compleja de lo que se creía. La evidencia actual indica que existe una barrera sólida entre la CWD y los humanos, pero el estudio examina precisamente si los priones podrían adaptarse de forma gradual y modificar su comportamiento. El razonamiento de fondo es estadístico: a mayor prevalencia de la enfermedad en animales, mayores son las oportunidades de exposición. El riesgo no es independiente de la expansión geográfica, y por eso los científicos insisten en mantener una vigilancia estrecha.

Hacia una vacuna que frene la propagación

El equipo de la Universidad de Calgary no se limita a estudiar el problema; también trabaja en estrategias concretas para reducir la transmisión entre poblaciones de cérvidos.

Los estudios preliminares con vacunas en modelos de ratón —diseñados para simular la infección en ciervos y alces— han arrojado resultados prometedores. Los animales vacunados eliminaron menos priones infecciosos tanto en fases tempranas como tardías de la enfermedad y sobrevivieron más tiempo tras la exposición. Si se logra reducir esa eliminación, podría reducirse también la transmisión entre animales, con un impacto significativo a nivel poblacional.

La investigación sobre la enfermedad del desgaste crónico atraviesa una fase determinante. Los próximos años revelarán si las vacunas en desarrollo pueden trasladarse de los modelos de laboratorio a las poblaciones silvestres, y si los sistemas de vigilancia son capaces de seguir el ritmo de una enfermedad que, por definición, avanza sin anunciarse.

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