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Home Ciencia

Una base de datos climática usada por gobiernos de todo el mundo lleva años contando mal las emisiones de los coches en las ciudades

by David Pérez
30 de junio de 2026
in Ciencia
Autopista urbana congestionada con coches, camiones y autobuses emitiendo gases contaminantes bajo un cielo gris

Tráfico denso en una autopista urbana, símbolo de las emisiones de vehículos cuya medición ha estado distorsionada durante años en bases de datos climáticas globales.

Una de las bases de datos de emisiones más consultadas del mundo —impulsada por inteligencia artificial y respaldada por figuras de primer nivel— podría estar ofreciendo a los responsables políticos una imagen profundamente distorsionada del CO₂ que emiten los coches en las ciudades.

Un nuevo estudio ha comparado sus cifras con las de una fuente independiente en 260 ciudades estadounidenses. Las diferencias encontradas son tan grandes que obligan a preguntarse: ¿sobre qué datos se están tomando realmente las decisiones climáticas?

La base de datos que guía políticas climáticas en todo el mundo

Climate TRACE es un consorcio internacional que emplea inteligencia artificial para estimar las emisiones de gases de efecto invernadero en todo el planeta. Lo cofundó el exvicepresidente estadounidense Al Gore, y sus datos los consultan gobiernos, organismos internacionales y equipos de política climática para entender de dónde procede el CO₂ y cómo reducirlo.

La premisa tiene peso: en lugar de depender de declaraciones voluntarias de los países, la IA analiza imágenes satelitales y otras fuentes para generar estimaciones independientes. Una herramienta de gran valor si funciona bien. Pero cuando los datos fallan, las decisiones construidas sobre ellos también lo hacen.

Medir bien las emisiones no es un tecnicismo menor. Es la base sobre la que se diseñan políticas de transporte, se asignan presupuestos y se evalúa si los compromisos climáticos se están cumpliendo o no.

Un estudio pone cifras al problema: el 70% de diferencia

El investigador Kevin Gurney, profesor de la Universidad del Norte de Arizona, lideró el estudio publicado en Environmental Research Letters. Su equipo comparó los datos de Climate TRACE con los de Vulcan, una base de datos de emisiones de tráfico desarrollada en su propio laboratorio y calibrada con registros oficiales de tráfico y consumo energético.

El resultado es difícil de ignorar. En 260 ciudades estadounidenses, Climate TRACE subestima las emisiones de CO₂ de vehículos en un promedio del 70% respecto a Vulcan. No es una pequeña desviación técnica: es una brecha que cuestiona la utilidad del dato para orientar políticas reales.

En algunos casos la diferencia es aún mayor. Ciudades como Indianápolis o Nashville presentan discrepancias superiores al 90%; es decir, Climate TRACE podría estar contabilizando menos de una décima parte de las emisiones reales en esas áreas.

No es la primera vez: el problema va más allá de los coches

Este no es el primer aviso. Un estudio anterior del mismo equipo ya había detectado errores similares en las estimaciones de Climate TRACE para centrales eléctricas —otra de las grandes fuentes de emisiones urbanas en Estados Unidos.

Considerados conjuntamente, ambos estudios sugieren que Climate TRACE podría estar subestimando más de la mitad de las emisiones urbanas de combustibles fósiles en el país. Un volumen de error que no se resuelve con ajustes menores. Los investigadores advierten además de que el problema probablemente no se limita a Estados Unidos: los mismos errores metodológicos podrían estar afectando a los datos globales de la base, aunque ese extremo aún requiere verificación independiente.

IA para el clima: potencial real, pero sin atajos científicos

El equipo de Gurney no rechaza la inteligencia artificial como herramienta para monitorizar emisiones. Reconoce que tiene un potencial considerable para generar estimaciones a escala global con una velocidad imposible para los métodos tradicionales.

El problema, según los investigadores, no es la tecnología en sí, sino aplicarla sin el rigor científico necesario. El estudio reclama transparencia metodológica, revisión por expertos independientes y el uso de las mejores prácticas científicas disponibles. La advertencia de Gurney es directa: «Nunca estimaremos las emisiones con perfecta precisión, pero debemos asegurarnos de que los datos compartidos con los responsables políticos y el público no estén sesgados». Sin ese estándar, se corre el riesgo de orientar mal a quienes toman decisiones y de erosionar la confianza pública en la capacidad colectiva de hacer frente al cambio climático.

Quién hay detrás de la denuncia y qué avala sus conclusiones

Kevin Gurney lleva más de veinte años desarrollando métodos estandarizados para medir emisiones de gases de efecto invernadero en Estados Unidos, con más de 180 artículos científicos y más de 20.000 citas acumuladas.

Sus proyectos Vulcan y Hestia, financiados por varias agencias federales, cuantifican y visualizan emisiones desde centrales eléctricas individuales hasta barrios residenciales. Han mostrado una concordancia sólida con mediciones atmosféricas directas, lo que les otorga una credibilidad que va más allá del papel. Gurney participa además desde hace más de veinticinco años en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y es autor principal del IPCC. No es un crítico externo lanzando acusaciones: es uno de los científicos con mayor trayectoria en este campo concreto.

Lo que ocurra a partir de ahora tiene consecuencias. Climate TRACE tendrá que responder a estas conclusiones, y los gobiernos que usan sus datos deberán decidir cómo actuar mientras tanto. La fiabilidad de las herramientas que orientan la política climática global no puede darse por sentada.

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