Hace apenas dos años, Micron era una empresa discreta que pocos inversores seguían de cerca. La inteligencia artificial lo cambió todo: sus ingresos trimestrales se multiplicaron por cuatro y su valoración superó el billón de dólares en un tiempo que dejó a muchos analistas sin argumentos.
Ese patrón de inflexión —silencioso al principio, vertiginoso después— parece estar repitiéndose ahora en SpaceX. Y quienes llevan la cuenta advierten que la escala podría ser muy distinta.
El precedente Micron: cuando la IA dispara una empresa al billón de dólares
Micron no llegó al billón de dólares gracias a un producto revolucionario ni a una adquisición estratégica. Llegó porque la inteligencia artificial necesitaba memoria, y Micron fabricaba esa memoria. Sus ingresos trimestrales, que oscilaban entre 5.000 y 8.000 millones de dólares, superaron los 23.000 millones en un solo trimestre. La capitalización bursátil pasó de unos 110.000 millones en noviembre de 2024 a más de 1,15 billones de dólares.
El catalizador fue la demanda de chips de memoria para infraestructura de IA. No fue un proceso gradual: fue una inflexión abrupta que pilló a muchos analistas fuera de posición. Ese recorrido —de 6.000 millones trimestrales a 25.000 millones en dos años— es ahora el marco con el que algunos observadores están analizando a SpaceX.
SpaceX en el punto de inflexión: de cohetes a proveedor de IA
En el primer trimestre de 2026, SpaceX registró ingresos de 4.600 millones de dólares, procedentes en su mayor parte de Starlink y contratos de lanzamiento: el negocio habitual.
Lo que ha cambiado en los últimos meses es la aparición de una capa de ingresos que hace un año no existía. Anthropic y Google aportan conjuntamente unos 2.200 millones de dólares al mes. Cursor suma otros 700 millones mensuales, y Grok añade 100 millones más. Son contratos de infraestructura de IA, no de cohetes. Si se proyectan estas cifras al cuarto trimestre de 2026, junto con los ingresos consolidados de Starlink y lanzamientos, SpaceX podría alcanzar un ritmo de 15.000 millones de dólares trimestrales. El patrón de Micron, pero comprimido en menos tiempo.
Colossus y los chips Rubin: la palanca que Micron nunca tuvo
Aquí la analogía con Micron encuentra sus límites. SpaceX no solo se beneficia de la demanda de IA: controla parte de la oferta.
El centro de datos Colossus 2 alberga cientos de miles de chips Nvidia B300 disponibles para alquiler. Según las estimaciones disponibles, alquilar 550.000 chips B300 al precio de mercado podría generar hasta 55.000 millones de dólares anuales —una cifra que Micron nunca pudo contemplar desde el lado del proveedor de infraestructura. A eso se añade un elemento sin precedentes: SpaceX tiene asignado el 20 % de los futuros chips Rubin de Nvidia, que multiplican por diez la eficiencia de inferencia respecto a los B300, lo que podría traducirse en dos o tres veces más ingresos por unidad alquilada.
Micron construyó su crecimiento sobre la demanda ajena. SpaceX podría construir el suyo sobre hardware propio de próxima generación.
La hoja de ruta hacia los 100.000 millones anuales
Las proyecciones disponibles apuntan a un ritmo de 60.000 millones de dólares anuales a finales de 2026, comparable al de Broadcom en la actualidad. Para mediados de 2027, la combinación de alquiler de chips, ingresos de Starlink y contratos de lanzamiento podría situar ese ritmo en 100.000 millones.
El negocio de alquiler de infraestructura de IA tiene márgenes estimados del 70 al 80 %, muy por encima del negocio espacial tradicional. Si la transición a chips Rubin se produce en los plazos previstos, los ingresos podrían alcanzar los niveles actuales de Nvidia en 2027 o a mediados de 2028. Son cifras difíciles de procesar, pero responden a una lógica aritmética directa a partir de los contratos ya firmados.
Incertidumbres y factores que podrían alterar el escenario
Conviene ser preciso sobre lo que estas proyecciones son y lo que no son. Se basan en extrapolaciones de contratos actuales y precios de mercado, no en resultados auditados. SpaceX no cotiza en bolsa y su transparencia financiera es limitada.
La competencia en alquiler de infraestructura de IA es intensa: Microsoft, Amazon y Google desarrollan sus propias capacidades a gran velocidad. Los plazos de entrega de los chips Rubin y la demanda real que generen siguen sin confirmarse. Un retraso en Nvidia o una caída en los precios de alquiler modificaría el cálculo de forma significativa.
Lo que sí parece sólido es la base. Starlink y los lanzamientos siguen creciendo y aportan estabilidad mientras el negocio de IA madura. La pregunta no es si SpaceX crecerá, sino a qué velocidad y hasta dónde. En los próximos doce meses, los contratos ya firmados empezarán a responder esa pregunta con datos reales.
