Cuando el árbitro pitó el final, Luka Modric seguía en pie en el césped. Treinta y nueve años, décadas de Mundiales a sus espaldas, y una eliminación que no conseguía reducirlo.
El partido había arrancado pasada la medianoche, hora peninsular, con el recuerdo de Diogo Jota proyectado en los videomarcadores del estadio. Desde ese primer instante, el encuentro tenía algo de ceremonia. Y algo de tragedia inevitable.
Una noche cargada de historia antes del pitido inicial
El 3 de julio de 2026 marcaba exactamente un año desde la muerte de Diogo Jota y su hermano André en el kilómetro 65 de la autovía A-52, en la provincia de Zamora. Cuando el himno portugués terminó de sonar, la imagen del delantero se proyectó en los videomarcadores. El silencio que siguió no era el de la espera deportiva. Era otro tipo de silencio.
Roberto Martínez había dejado clara la carga simbólica del torneo meses antes. «El sueño de Diogo era ganar el Mundial, y tenemos la responsabilidad de continuar con ese sueño», declaró el seleccionador. Con esas palabras como telón de fondo, el partido dejó de ser un octavo de final cualquiera: era una noche con peso propio para ambas selecciones, antes incluso de que el árbitro pitara el inicio.
El último baile de Modric en un Mundial
Luka Modric llega a este Mundial con un palmarés que redefine lo que Croacia puede aspirar a ser. Subcampeón en 2018, tercero en 2022, referencia moral de un equipo que compite sistemáticamente por encima de sus posibilidades sobre el papel. Srna lo resumió en MARCA con precisión: «Es un símbolo de talento, humildad, sacrificio y liderazgo. Cambió la forma en la que el mundo ve al fútbol croata.»
Vitinha también lo elogió en la previa, desde el bando contrario. Ese respeto cruzado entre rivales dice mucho de la dimensión humana del centrocampista de Zadar.
Su despedida mundialista tuvo el guión que merecía: goles anulados, remates al palo, más de veinte minutos de añadido y una tensión que no cedió hasta la última jugada. Cruel para Croacia. Cinematográfico para el recuerdo. Modric se marchó con algo que ningún marcador puede arrebatarle: el respeto unánime del mundo del fútbol. Como señalaba la crónica, eso ya es ganar, y hacerlo por goleada.
Cristiano Ronaldo rompe su propio límite a los 41 años
Los números de Cristiano Ronaldo en Mundiales escondían, hasta esta noche, una paradoja llamativa. Sus diez goles anteriores en Copas del Mundo habían llegado todos en fase de grupos, en diecisiete partidos. En sus ocho eliminatorias previas —ante rivales como Francia, Alemania, España o Marruecos— nunca había marcado. Cero goles en la ronda del K.O.
Con 41 años y 147 días, se convirtió en el futbolista más veterano en disputar un partido de eliminatoria mundialista como titular. El dato impresiona por sí solo. Pero lo que vino después lo supera: cuando Portugal agonizaba y Croacia mandaba en el marcador, CR7 apareció. Primero con un tanto anulado que encendió el estadio de todas formas. Luego con el gol que valió, el empate que desbloqueó el partido. El undécimo gol mundialista de su carrera, y el primero en una ronda eliminatoria. A los 41 años. En su novena eliminatoria. Hay carreras que no saben cómo terminar porque todavía no han terminado.
Diogo Costa y una segunda parte de película
El primer tiempo fue de Portugal solo en el nombre. La selección lusa apareció pasiva, escasa de ideas, incapaz de imponer su nivel técnico sobre el papel. Croacia tomó la iniciativa y lo tradujo en ventaja: Ivan Perisic anotó al inicio de la segunda parte y dejó el partido en una posición muy incómoda para los portugueses.
Ahí apareció Diogo Costa. El portero, que ya había sido determinante ante Colombia con seis paradas salvadoras, repitió actuación cuando su equipo más lo necesitaba. Sus intervenciones mantuvieron vivo a Portugal en los momentos en que el partido podría haberse cerrado definitivamente. Sin él, la historia habría sido otra.
Lo que siguió fueron más de 64 minutos de segunda parte, con casi veinte de añadido, que incluyeron goles anulados, remates al palo y una tensión sostenida que no cedió hasta el final. El 2-1 llegó en la última jugada. Para Croacia, cruel. Para Portugal, un billete hacia España con todo por demostrar.
Portugal ante España: la gran incógnita de octavos
El partido ante Croacia mostró cuatro versiones distintas de Portugal en menos de dos horas: la selección pasiva del primer tiempo, sin ideas claras; la selección noqueada tras el gol croata; la selección que sobrevivió gracias a su portero; y la selección con carácter que acabó remontando con garra y orgullo. La pregunta es cuál de ellas se presentará ante España.
Roberto Martínez dispone de una plantilla de nivel técnico muy alto y opciones considerables en casi todas las líneas. Pero Portugal genera dudas que no corresponden a sus recursos. Es difícil encontrar una selección que transmita tan poco teniendo tanto.
El duelo entre España y Portugal se perfila como uno de los más imprevisibles de la ronda, y esa imprevisibilidad no es solo táctica. Es también la de un equipo que aún no sabe qué versión de sí mismo quiere ser. Quizá esa sea, en el fondo, la pregunta más interesante de este Mundial: no quién gana cada partido, sino quién termina de encontrarse a tiempo.
