Cada año, coincidiendo con el Día del Trabajo, el Departamento de Energía de EE.UU. publica su radiografía del empleo en el sector. La edición de 2026 llega con un dato que resume el momento: el salario medio de los trabajadores energéticos alcanza los 63.000 dólares anuales, un 24% por encima de la media nacional.
Detrás de esa cifra hay un mercado laboral que está cambiando de ritmo. Algunos sectores acumulan años de crecimiento sostenido; otros, que parecían en retirada, vuelven a sumar empleos. El informe empieza a revelar qué está impulsando ese giro.
Un mercado laboral que cambia de ritmo
El informe USEER 2026 no es una instantánea aislada. Es una radiografía construida con datos de alcance nacional, estatal y de condado, organizada en torno a cinco grandes sectores: transmisión, distribución y almacenamiento; generación eléctrica; combustibles; eficiencia energética; y vehículos de motor y componentes.
Para elaborarlo, el Departamento de Energía combina encuestas a aproximadamente 42.000 establecimientos con datos de la Oficina de Estadísticas Laborales y otras fuentes del mercado laboral. Esa amplitud metodológica le otorga una solidez que va bastante más allá del titular.
La edición de 2026 incorpora una novedad relevante: un capítulo dedicado a las perspectivas futuras, con información sobre contratación prevista y demanda de talento. Es la primera vez que el informe mira explícitamente hacia adelante. Esa decisión refleja, con bastante elocuencia, el momento que atraviesa el sector.
Los números que definen el auge
La diferencia salarial entre los trabajadores energéticos y el resto de la economía es significativa. Mientras la mediana nacional se sitúa en 51.000 dólares anuales, los empleados del sector energético perciben de media 63.000 dólares —12.000 más al año—, una brecha que no es nueva pero que el informe confirma con datos actualizados.
El crecimiento también resulta notable en varios subsectores. La transmisión y distribución de gas natural sumó 12.500 nuevos trabajadores, un aumento del 5%. La transmisión y distribución eléctrica añadió 17.900 empleos, con un crecimiento del 2%.
Los programas de formación acompañan esa expansión. Las inscripciones de nuevos aprendices en el sector de la construcción crecieron un 9% entre 2024 y 2025, pasando de 103.000 a 112.000 participantes registrados. Una señal clara de que el crecimiento no se apoya únicamente en trabajadores con experiencia previa.
La vuelta de sectores que parecían en declive
Quizá los datos más llamativos del informe sean los que afectan a la energía nuclear y al carbón. Ambos llevan años asociados al declive: cierres de plantas, reducción de plantillas, presión competitiva de las renovables. El USEER 2026, sin embargo, registra un cambio de tendencia.
La energía nuclear sumó 2.300 trabajadores, un crecimiento del 4%. La generación de electricidad a partir del carbón añadió 2.800 empleos, creciendo también un 5%. El propio informe reconoce que ambos sectores habían acumulado años de pérdidas antes de este repunte, aunque no detalla las razones concretas detrás de la recuperación.
Lo que sí plantea es una pregunta de fondo: hasta qué punto resulta sostenible este crecimiento a largo plazo, y qué dice sobre las prioridades energéticas actuales del país.
El talento energético, un recurso cada vez más disputado
El nuevo capítulo de perspectivas introduce un elemento que va más allá del recuento de empleos: la advertencia sobre una competencia creciente por trabajadores cualificados. El sector no solo necesita más personas; necesita perfiles técnicos específicos que también reclaman otras industrias en expansión, como la manufactura avanzada o la tecnología.
La demanda energética al alza está generando empleos bien remunerados. Pero eso implica competir por el mismo talento que buscan sectores con músculo económico y capacidad de atracción similares. No es una competencia sencilla, ni está resuelta.
Ahí es donde los programas de aprendizaje se perfilan como vía clave: permiten incorporar trabajadores sin experiencia previa y formarlos directamente según las necesidades del sector, reduciendo la dependencia de un mercado externo cada vez más disputado.
Qué significan estos datos para el futuro energético de EE.UU.
El crecimiento del empleo energético funciona como indicador de algo más amplio. El propio informe lo formula con claridad: la energía es el sector que hace posibles todos los demás. Sin una fuerza laboral robusta en este ámbito, la capacidad industrial e innovadora del país queda condicionada.
La expansión actual podría tener un impacto directo en la próxima década. Una base de trabajadores más amplia y mejor formada representa una ventaja competitiva real, tanto en producción como en adopción de nuevas tecnologías.
Lo que queda por resolver son las preguntas sobre distribución. Los empleos existen, los salarios son atractivos, pero todavía no está claro qué comunidades y regiones están beneficiándose más de este crecimiento. Esa será, probablemente, una de las claves a seguir en los próximos informes anuales.
