El jueves por la noche, una enorme bola de fuego engulló la plataforma LC-36 de Cabo Cañaveral cuando los motores del cohete New Glenn de Blue Origin parecieron encenderse durante lo que debía ser una prueba estática de rutina.
El accidente llega en un momento especialmente delicado: la FAA había autorizado al cohete a volar de nuevo apenas una semana antes, tras un incidente en vuelo durante su tercera misión. La explosión amenaza ahora con desencadenar un efecto en cadena sobre varios de los programas más ambiciosos de la industria espacial estadounidense.
Una bola de fuego en la plataforma
La explosión se produjo a las 9 de la noche del jueves, hora del Este, mientras los motores BE-4 del New Glenn parecían encenderse durante la prueba de encendido estático. En cuestión de segundos, la plataforma LC-36 quedó envuelta en llamas. Las imágenes difundidas en redes sociales mostraban una columna de fuego de gran magnitud sobre las instalaciones de Cabo Cañaveral.
Los daños materiales son considerables. La explosión destruyó al menos una de las torres de protección contra rayos y el transportador erector de la plataforma, y hasta que no concluya una evaluación completa resulta imposible determinar cuánto tiempo llevará restaurar la operatividad del complejo.
La buena noticia —en la medida en que puede llamarse así— es que no hubo víctimas. El propio Jeff Bezos confirmó en redes sociales que todo el personal estaba contabilizado y se encontraba sano y salvo. «Ha sido un día muy duro, pero reconstruiremos lo que haya que reconstruir y volveremos a volar», escribió.
Un revés justo tras recuperar el permiso de vuelo
El contraste temporal es llamativo. Solo siete días antes del accidente, el 22 de mayo, la FAA había autorizado a Blue Origin a reanudar los lanzamientos del New Glenn, tras concluir la investigación sobre la misión NG-3: una fuga criogénica había congelado una línea hidráulica durante el encendido de la segunda etapa e impedido colocar correctamente en órbita un satélite de AST SpaceMobile.
Blue Origin había identificado nueve acciones correctoras para evitar que el incidente se repitiera, y la FAA había anunciado que verificaría su implementación antes del siguiente lanzamiento. La empresa parecía haber cerrado ese capítulo.
La agencia dejó claro, sin embargo, que la explosión del encendido estático queda fuera del ámbito de sus actividades con licencia. «Esta prueba no estaba dentro del alcance de las actividades autorizadas por la FAA», confirmó. No habrá una nueva investigación regulatoria por su parte, aunque eso no alivia en nada la gravedad del suceso para Blue Origin.
Impacto en Amazon Leo y los contratos comerciales
El lanzamiento previsto para el 4 de junio debía ser el primero de 24 misiones contratadas por Amazon Leo para desplegar su constelación de satélites de banda ancha. Los satélites no habían llegado todavía a la plataforma desde sus instalaciones de procesamiento, por lo que no sufrieron daños físicos.
Aun así, el accidente retrasa de forma indefinida el inicio del despliegue de la constelación. LC-36 es actualmente la única instalación orbital de Blue Origin, lo que hace imposible estimar cuándo podrá reanudarse la actividad de lanzamiento. Sin una plataforma operativa, sencillamente no hay lanzamientos posibles.
Consecuencias para el programa Artemis y la Luna
Las repercusiones van mucho más allá de Amazon. La NASA depende de Blue Origin y del New Glenn para sostener el programa Artemis y el objetivo de establecer una base lunar. Solo días antes del accidente, la agencia había anunciado varios contratos con la empresa: Blue Origin fue seleccionada para entregar vehículos de exploración lunar mediante el lander Blue Moon Mark 1, y su Blue Moon Mark 2 fue elegido como uno de los dos sistemas de aterrizaje tripulado del programa, junto al Starship de SpaceX.
Una versión del Blue Moon Mk.2 está prevista para participar en la misión Artemis 3, programada para mediados de 2027, como demostración en órbita baja al estilo del Apolo 9. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, prometió proporcionar información sobre los impactos en los programas Artemis y Moon Base a medida que esté disponible.
El efecto dominó sobre Vulcan y los motores BE-4
Existe una dimensión adicional que podría ampliar el alcance del accidente. Si la causa de la explosión guarda relación con los motores BE-4, el cohete Vulcan de United Launch Alliance también podría verse afectado, ya que comparte ese propulsor en su primera etapa. Vulcan ya se encontraba paralizado por una anomalía independiente en sus cohetes de arranque sólido, lo que agrava su situación.
El precedente más cercano es la explosión del Falcon 9 de SpaceX en septiembre de 2016 en el complejo SLC-40, a pocos kilómetros de LC-36. SpaceX tardó más de un año en volver a lanzar desde esa plataforma, aunque disponía de otras instalaciones operativas que le permitieron reanudar vuelos desde Vandenberg y el Kennedy Space Center mientras reconstruía el pad dañado.
Blue Origin no cuenta con esa red de seguridad. LC-36 es su único complejo orbital, lo que convierte cada semana de inactividad en un coste acumulado difícil de recuperar. La investigación sobre las causas del accidente probablemente concluirá mucho antes de que la plataforma esté lista para operar, y lo que revele determinará si el problema se circunscribe al New Glenn o si sus consecuencias se extienden a otros programas. Eso es lo que habrá que seguir de cerca en las próximas semanas.
