Durante décadas, financiar ciencia en Estados Unidos ha significado, en gran medida, lo mismo: becas modestas, laboratorios universitarios y ciclos de revisión que se miden en años. El modelo ha producido descubrimientos notables, pero también ha dejado sin respuesta una pregunta incómoda: ¿es la universidad el único lugar donde puede nacer la ciencia del futuro?
En un momento en que la administración Trump mantiene una disputa abierta con varias de las grandes universidades del país, la Fundación Nacional de Ciencias acaba de anunciar algo que rompe con esa tradición: hasta 1.500 millones de dólares en diez años para organizaciones de investigación completamente independientes de la academia.
El problema con las becas tradicionales
El modelo habitual de la NSF funciona así: un investigador principal en una universidad solicita una beca de unos 200.000 dólares para un proyecto concreto. Si la consigue, trabaja durante tres años, publica sus resultados y vuelve a empezar. Un ciclo conocido, pero con límites evidentes.
Este enfoque favorece la ciencia incremental. Los problemas de mayor envergadura —aquellos que requieren equipos multidisciplinares, infraestructura costosa o años de trabajo coordinado— encajan mal en ese molde, no por falta de ambición entre los investigadores, sino porque el sistema no está diseñado para sostenerla.
El campo emergente de la meta-ciencia lleva años formulando esta misma pregunta: ¿cómo diseñar sistemas de financiación que conviertan la investigación básica en beneficios reales para la sociedad? Según Jenn Gustetic, directora de meta-ciencia y política de I+D en el Instituto para el Progreso, las becas institucionales de mayor alcance permiten a los equipos abordar problemas más difíciles y con más infraestructura, «con la agilidad de pivotar a medida que aprenden».
Qué son los X-Labs y cómo funcionan
Un X-Lab es una organización de investigación independiente —sin vínculos estrechos con universidades ni empresas— que trabaja en un problema bien definido durante entre tres y siete años. La NSF publicó su convocatoria el 14 de mayo, y la estructura de financiación no tiene precedentes en el ámbito federal estadounidense.
El dinero llega en fases. El primer año, cada proyecto recibe 1,5 millones de dólares, más de siete veces la beca habitual de la NSF. En la segunda fase, los proyectos seleccionados pueden acceder a hasta 50 millones durante dos o tres años, seguidos de una tercera fase más abierta.
Los dos primeros temas convocados son instrumentación científica para sensores e imágenes, y fotónica integrada para sistemas cuánticos. La NSF ha anunciado que publicará temas adicionales en las próximas semanas.
La autonomía es un requisito explícito. Las organizaciones deben demostrar que pueden tomar decisiones sobre investigación, personal y alianzas en días, no en semanas —lo que excluye, en la práctica, a investigadores a tiempo completo en universidades y abre la puerta a académicos dispuestos a solicitar una excedencia prolongada.
Un modelo que ya existe en el sector privado y en otros países
Los X-Labs no parten de cero. Las llamadas focused research organizations (FROs) llevan seis años siendo exploradas por filantropías y think tanks en Estados Unidos, con resultados que empiezan a hacerse visibles.
Convergent Research, una organización sin ánimo de lucro en Cambridge, Massachusetts, ha invertido casi 400 millones de dólares en una docena de FROs. Algunos proyectos han buscado desarrollar interfaces cerebro-ordenador basadas en ultrasonido o cuantificar la eliminación de CO₂ marino. Adam Marblestone, director de Convergent y uno de los primeros defensores del modelo, señala que el interés por este enfoque ha sido «bastante bipartidista desde 2020».
Fuera de Estados Unidos, el Reino Unido opera un modelo similar a través de ARIA, la Agencia de Investigación e Invención Avanzada. Su directora ejecutiva adjunta, Pippy James, calificó el anuncio de la NSF como «una señal bienvenida de que la comunidad investigadora global se toma en serio encontrar nuevas formas de financiar ciencia ambiciosa y de alto riesgo». DARPA, por su parte, lleva décadas demostrando que el enfoque orientado a objetivos puede producir resultados de calado.
Las tensiones con las universidades y el debate político
El anuncio llega en un momento políticamente cargado. La administración Trump ha bloqueado o recortado fondos a varias universidades prominentes, acusándolas de discriminación; el MIT, por ejemplo, ha recibido un 10 % menos de financiación federal que el año anterior, según declaró su presidenta en mayo.
En ese contexto, es comprensible que algunos gestores universitarios vean los X-Labs con recelo. El presupuesto anual del programa representa, con todo, menos del 2 % del presupuesto total de la NSF para 2026, que asciende a 8.750 millones de dólares. «No creo que sea un juego de suma cero», dice Erica Goldman, de la Federación de Científicos Americanos, aunque reconoce que «el momento y la retórica lo hacen muy difícil de ver así».
Hay también una cuestión más personal para los investigadores. Un académico en mitad de su carrera que se incorpore a un X-Lab durante varios años necesitará que su universidad le reserve un puesto, cubra su docencia y, a su regreso, valore la experiencia en gestión de equipos y presupuestos a la hora de evaluar su titularidad. Ese reajuste institucional no es menor.
Lo que este experimento puede enseñar sobre cómo hacer ciencia
Más allá de los resultados científicos concretos, los X-Labs son una oportunidad para aprender algo que hoy se desconoce: qué modelos de financiación funcionan mejor para qué tipos de problemas. «No tenemos buena evidencia comparando cómo rinden distintos mecanismos —becas por proyecto, contratos por hitos, premios—», señala Gustetic. «Los X-Labs son una oportunidad para aprender realmente qué diseños institucionales funcionan.»
El éxito también requerirá que los investigadores desarrollen habilidades que la universidad no suele cultivar. Marblestone lo dice sin rodeos: «Cuando hablamos con académicos en Convergent, hace falta varias conversaciones para planificarlo, porque no siempre saben cómo gestionarían 50 millones de dólares y un equipo de ingeniería profesional. Realmente necesitas un CEO.«
La pregunta ahora es si el experimento se quedará en la NSF o se extenderá. En diciembre de 2025, un legislador demócrata presentó un proyecto de ley para aplicar el modelo a los Institutos Nacionales de Salud, y la propia NSF mantiene conversaciones con otras agencias federales. Si los primeros X-Labs demuestran que la ciencia de mayor alcance puede prosperar fuera de la universidad, el mapa de la investigación pública estadounidense podría cambiar de forma duradera.
